Algunos días entro y algunas noches salgo como una vieja sacerdotisa para beberme las ausencias y seguir en la sed. Algunos días vuelvo y al transponer la puerta otro cuerpo me espera con mi nombre entonces dejo el fuego de mis ojos y comienzo a desnudarme.
Y además de todo eso, tu cama sostiene la pared, tu corazón respira y sostiene la pieza. Las puertas y ventanas duermen... Pero yo no cierro los ojos, no puedo dormir tengo que estar despierto e impedir que el invierno arraigue entre nosotros, que no se apague el fuego, que no se calme el latido que no se vayan a caer estas paredes sobre la vida sostenida por ti y por mi....